Beba, coma, punto y acento.

Hace tiempo, un amigo de Facebook dedicado al tema de turismo y gastronomía criticaba a aquellos que, como yo, procurando observar las reglas de la ortografía, señalamos cuando las erratas en diversos medios publicadas alcanzan a lastimar el globo ocular. Él argüía que qué fácil es criticar, y que lo "importante es la idea". Entramos en debate, como suele ser siempre que se habla de religión, política y ortografía.
Claro que me parece particularmente irónico que alguien que disfrute, conozca y trabaje en el tema de turismo, vinos o gastronomía adopte esa postura tan cómoda. Pues es precisamente en este ámbito que entender, respetar y apreciar las pequeñas diferencias hacen que se logre disfrutar y conocer mayormente el objeto de estudio, o placer.
Si no fuese por las notas sutiles en un vino, que nos hablan de su tierra, de su cepa y de la mano del enólogo que busca lograr la mejor expresión de éste, entonces daría lo mismo tomar cualquier caldo sin ponerse tan exigente, ni el tipo de copa a usar, ni las temperaturas, ni orden de servicio ¡y mucho menos sentido tendría llegar a hablar de armonizaciones o maridajes...!
Si no somos buenos para distinguir lo únicos que son los diferentes productos que nos ofrecen las distintas regiones, lo especial que hace que cada pueblo tenga su identidad, y sus particularidades, entonces nos perderíamos en un mundo anodino donde todo es igual y el vino sólo es fermento para beber y no poesía, y la comida sólo llena y no sorprende ni complace.
Distinguir las pequeñas y sutiles diferencias nos abre un mundo de placer, sin duda. El universo se amplía ante la diversidad, el juego se vuelve más interesante, y por supuesto: seductor.
Igual ocurre con la lengua (el idioma, pero surgen otras ideas...), su riqueza nos ayuda a disfrutar, distinguir las sutilezas, expresar mejor, y apreciar más. Los conceptos se concretan cuando son nombrados.
Un acento no escrito, puede que "no afecte a la idea de lo que quieres decir" (o puede que sí) pero en definitiva expresa la falta de sensibilidad (lo más obvio sería pensar educación, pero queda claro que es un tema de elección: eligen no hacerlo) de quien escribe, sin distinguir las diferencias que hacen rica la expresión.
He mencionado el campo de la gastronomía, pues es en donde se dio este incidente, pero la verdad es que en cualquier área profesional o artística, las grandes obras se definen por los detalles, precisamente: pequeños ajustes que hacen enormes diferencias.
Por supuesto, yo sé que hay áreas de competencia y talentos particulares, y cada quién tiene facilidad para cosas en específico y otras en las que simplemente le batallamos más, pero aceptemos que es una falla no atender la ortografía del idioma que suponemos hablamos con solvencia (antes de poner en nuestro CV que hablamos 3 idiomas más y en qué porcentaje), y que tratar de esgrimir el "de todos modos se entiende" que no significa otra cosa más que "no entiendo, no sé, no puedo" o "me vale".
Finalmente, me quedo pensando que montarse en esa actitud de "de todos modos se entiende", es asumir que las reglas básicas de convivencia (la lengua funciona por convención, no por decreto) no sean aplicables a nosotros; que estamos por encima de las reglas. Si así es en lo básico y sencillo, ¿qué será en lo grande y complejo...?
Por cierto, mi amigo de Facebook no volvió a escribirme más.

