La Cocina de los mercados en tu próximo viaje…

on Lunes, 18 Abril 2011. Posted in Artículos

Una de las cosas que más disfruto en mis vacaciones es conocer nuevos lugares viajando por carretera y pararme en cada uno de los pueblitos para ver su forma de vida, gente cargando bultos, vendiendo los productos que elaboran y lo mejor, visitar cada uno de los mercados, disfrutar de su aroma, su ambiente, su diversidad y el color de la cocina Mexicana. Ver a las señoras que muestran con orgullo sus guisos servidos en ollas de barro, comales al rojo vivo con tortillas infladas que significan que ya están cocidas, cucharas de madera sirviendo porciones de rica comida, el señor que vende agua fresca con frutas de estación. Esta es una de las grandes maneras de vivir nuestro México, sus grandes guisos que día a día nos satisfacen en todos los sentidos y que la única forma de hacer que sigan vigentes es nuestro compromiso de consumirlos y vivirlos.

Tlayudas, panuchos, cemitas, uchepos, papatzules, tortas ahogadas, pan de cazón, empanadas, memelas, tlacoyos, bombas de frijol, quesadillas, y todos esos manjares a disfrutar sin restricciones en tus viajes por todo el país, seguramente te dejaran gratos recuerdos pero también una historia para contar en la sobremesa con tus amigos en algún restaurante de la cuidad y cuando vengas a Mérida dime para que te lleve a comer un pan francés con hoja de coco hecho al horno de leña relleno de cocinita pibil y salsa de chile habanero y porque no, una horchata de arroz bien fría.

 

Crónicas de Ensenada

on Jueves, 14 Abril 2011. Posted in Artículos

crónica

Crónicas de Ensenada

No recuerdo como me entere, pero al hacerlo fui lo más rápido que pude al restaurante, pedí una orden de ese delicioso manjar, pero resulto que ya no había… frustrado y con hambre tuvo que pasar una noche de desvelo y tripa rugiente, un día lleno de trabajo intenso, aburrido y mal comido para que, al fin, por la noche pudiera satisfacer mi antojo.

Llegue muy cansando al lugar, pedí una cerveza e impaciente me senté a esperar mi plato. Mientras llegaba comí algo de pan con aceite –para entretener la tripa-, tonteaba un poco, chiquiteaba la cerveza; llego una entradita la cual devoré, pero el plato estelar aun me tenia esperando… al poco tiempo, llego el personaje estelar.

Exquisito animal marino, con un duro exoesqueleto, de carne medio anaranjada, con aromas dulces y sutiles, de textura carnosos y esponjosa; su sabor es como fusionar lo mejor de un camarón gigante con lo mejor de un cangrejo carnoso con la sutileza y elegancia de una langosta gorda y mantequillosa. Los adornos del plato, muy sencillos: una mantequilla de alcaparras y listo. Un manjar del mar, raro, delicioso, solo de temporada… la carne se derretía en la boca, el sabor fue una explosión de carnosidad, dulzura y perfumes muy particulares. Solo este bicho marino junta tanta complejidad y sutileza. La mantequilla de alcaparra le resaltaba el toque marino, adornaba el sabor, le daba balance y elegancia al plato. Cada bocado, una delicia… cuando la carne de sus tenazas termino, rompí las puntas como pude, saque toda la carne; no deje nada, no me lo permití, hubiera sido imperdonable… Lo que quedo al final solo fueron migajas y los restos de una dura coraza que escondía las delicias de esta creatura.

¿Qué comí? Centollo. un crustáceo decápodo primo de cangrejos. Es enorme, su caparazón mide entre 10 y 20 cm. de largo y puede pesar más de cuatro kilogramos. ¿Dónde lo comí? en el restaurante de Benito Molina, Manzanilla en Ensenada B.C.

… ¡simplemente delicioso!

 

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